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Técnica de mantenimiento imprescindible para la supervivencia de cualquier planta, mediante la cual suministramos agua, bien sola bien en combinación con otras sustancias, al aparato radical del árbol con el fin de que este lo transforme en el alimento necesario para su correcto desarrollo. 
El riego tiene unos factores que hay que tener en cuenta a la hora de realizarlo que no sólo pasan por la calidad o cantidad del agua suministrada al bonsái o prebonsái. Estos factores son los que hacen que no existan normas estándar si no que cada ejemplar requiera de unas necesidades específicas. Factores como el tipo de especie, el tamaño de la maceta, la ubicación del ejemplar, la estación del año, la composición del sustrato en que esta plantado o incluso la salud del árbol, por citar algunos, hacen que debamos ser muy cautos a la hora de dosificarle la cantidad de agua que necesita y la periodicidad con que se va a regar.Los factores se deben analizar por su cuidador, el cual debe estar atento a cualquier cambio que se pueda dar, bien climatológico, bien de salud o de cualquier otra clase ya que por insignificante que parezca puede alterar el normal desarrollo de nuestro árbol. 
Con la práctica es de la única manera que se puede conocer día a día, mes a mes la técnica del riego, ya que su dificultad es mayor aún si cabe cuando empezamos por primera vez. Una vez iniciado el cuidado de un ejemplar, deberemos observar el aspecto del árbol para irnos haciendo con sus reacciones externas, así el sustrato en el que está plantado y las hojas son indicadores de la necesidad del riego, por lo que antes de que el sustrato se seque en su totalidad hay que volver a regar, procurando que mantengan las hojas su vitalidad y vistosidad. Esto a veces no se puede comprobar (bien por que el árbol no tenga hojas o bien por que la tierra este cubierta con musgo) por lo que un medidor de humedad (higrómetro) puede ayudarnos a medir la sequedad del cepellón. El color de la tierra (o el aspecto del musgo) nos puede indicar también la necesidad, ya que una tierra recién regada, húmeda o parcialmente húmeda tiene diferentes tonalidades. 
Si el bonsái es manejable podemos comprobar al cogerlo que recién regado su peso es mayor, lo que nos evita posibles errores de percepción ya que el musgo puede estar muy vistoso por la humedad relativa del ambiente pero el sustrato quizá resulte que está más bien seco. El riego se puede hacer con una regadera en varias pasadas, en cada pasada se retiene liquido hasta que agota su capacidad de absorción momento en el que alcanza su peso máximo. Al igual sucede cuando se deja que la lluvia empape generosamente nuestro árbol, notamos que los días posteriores el árbol tiene mejor aspecto. 
Por tanto y para hacernos a la idea de la complejidad que supone la dinámica de un riego correcto, es imprescindible controlar visualmente el árbol y a partir de ahí interpretar la necesidad de manera que se consiga un equilibrio entre la cantidad y la frecuencia del riego.La calidad del agua es necesario valorarla en la medida en que dependiendo de su procedencia puede contener en su composición mayor o menor cantidad de elementos nocivos, destacando entre los más comunes, el cloro y la cal. El cloro que lleva el agua corriente que obtenemos de los grifos enganchados a la red común de las ciudades, siempre está presente y la manera de eliminarlo es la evaporación (dejando reposar el agua en un recipiente de boca ancha durante 24 horas antes de usarla). La cal en forma de sales de calcio presente en el agua se vuelve perjudicial cuando una vez acumuladas en la tierra retienen agua haciendo la competencia a las propias raíces, privándoles en cada riego de la cantidad de agua necesaria aumentando con ello las condiciones idóneas para la aparición de hongos patógenos y nemátodos. A estas aguas se les conoce como “duras”, donde la presencia de sales es abundante, siendo una solución los equipos de osmosis inversa. 
El ph y la temperatura en el momento del riego también deben controlarse. La temperatura debe ser lo más próxima a la que tengan las raíces para que no haya demasiada diferencia, lo cual suele conseguirse poniendo un recipiente con el agua que se va a usar en el riego al lado de los ejemplares a regar. En cuanto al ph, es un valor que indica la acidez en una solución acuosa. El ph del agua pura a 23 º es igual a 7. Cada especie sólo puede vivir en un suelo cuyo ph está comprendido entre dos valores bastante próximos, por lo que hay que procurar a nuestros árboles un agua lo más pura posible para no alterar los valores del suelo ya que este valor tiende a modificarse con las “aguas duras”. 
Hay que evitar los encharcamientos durante el riego con un sustrato drenante y una maceta con agujeros por debajo y de fondo plano, entre otras prevenciones, para evitar la acumulación de agua. Un encharcamiento impide que el oxigeno del aire penetre en la tierra y las raíces mueran por asfixia. Fuente del texto: Bonsai:Técnicas Básicas de Cultivo. D.Benavente, L. Antón y A. Norte. Edit. Croma Press.
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