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Es una técnica de modelado que nos ayudará a formar el árbol, en concreto el tronco, sus ramas y subramas y que resulta de la adaptación con un ángulo de 45 grados, entre la rama y el alambre ajustado alrededor de la misma, con una presión que no sea tan excesiva como para dejar la marca que con el tiempo hará el árbol con su crecimiento, ni tan débil como para dejar de modelarlo con la forma que queremos que adquiera. 
El punto medio es cuestión de aprendizaje primero y entrenamiento después, ya que el alambre deberá permanecer un largo periodo de tiempo y su mala aplicación puede traer consecuencias irremediables. Los alambres que se emplean para bonsái deben ser los destinados a esta técnica y que se pueden adquirir a profesionales o centros especializados, ya que son de material y grosores diferentes, dependiendo del fin para el que se empleen.  Pueden emplearse de cobre o de aluminio, el de cobre para especies de corteza menos delicada o para coníferas, por que es más rígido que el de aluminio lo cual requiere mayor entrenamiento y habilidad durante su uso, aunque tiene mayor capacidad de sujeción, pudiendo compaginar varios calibres de grosor en una misma zona o rama y además por su finura resultan más discretos. El alambre de aluminio se emplea para especies de corteza sensible a la dureza del cobre, como las azaleas, y es el ideal para practicar e iniciarse en esta técnica. 
Para empezar el alambrado, es recomendable que el tronco y las ramas estén secos para evitar alambrar con el árbol hinchado por la humedad, ello se consigue dejando de regar dos días antes de empezar. También hay que limpiar el árbol, podando, pinzando o defoliando de acuerdo al plan preestablecido. En el plan previo debemos tener claro el diseño, su estilo y forma, para poder alambrar de acuerdo a nuestro objetivo. Al alambrar propiamente hay que hacerlo de una manera ordenada, se empieza por trabajos fuertes y continuando por los menores siendo importante la forma en que se coloque el primer alambre.  Lo normal es empezar por el tronco, si fuese necesario modificarle la forma, pensando en que el espacio debe compartirse por otros de menor grosor, si fuese necesario. A continuación se alambran las ramas principales, siguiendo el plan elaborado, llevamos las ramas a la posición deseada desde la más gruesas a las más finas (se hacen primero todas las ramas de mayor grosor, luego las siguientes en calibre y así sucesivamente), seleccionando el alambre por el grosor que corresponda a cada rama. 
Después se pasa a la ramificación secundaria, fase del alambrado en la que debemos ir rama a rama independientemente del grosor, para ir dejando finalizado cada ápice o punta. El alambrado debe terminar cuando se llega al ápice, y una vez terminado hay que repasar visualmente cada posición para dejar las ramas en su ubicación original ya que pueden haber sufrido alguna modificación por otra parte inevitable por la manipulación. 
No existe una norma predeterminada para asignar un alambre por su grosor al calibre de una determinada rama, pero es aconsejable utilizar el grosor mínimo que nos permita colocar o redirigir cada rama en la posición o dirección deseada.  Cada especie es variable, cada ejemplar es diferente, y ninguna rama es igual a otra, factores como la edad, la flexibilidad de la especie o la dureza de la corteza hacen más o menos manipulables las ramas y en consecuencia hace que el entrenamiento y la práctica con ramas recién cortadas sea la mejor manera de adquirir la experiencia necesaria para esta difícil pero necesaria técnica de modelado. 
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